sábado, 20 de noviembre de 2010

El espíritu de Edimburgo (I): El edificio nazi

He vuelto a ponerme con las secciones; he estirado el edificio, tal como me dijo Carlos Iglesias, siendo casi 30 metros más alto. He decidido que, para que no se me dispare el número de viviendas (sobre todo por tema de ascensores, evacuación e incendios, que ya veremos), las de la parte este de la torre van a ser dúplex...
Aunque en sección ya consigo disimularlo y es algo mucho más contenido, no se puede negar que mi edificio es un monstruo volumétrico. Y sinceramente, creo que las plantas respiran armonía, creo que los espacios funcionan... pero no sé, el edificio no deja de ser un monstruo y me jode. En los alzados, a no ser que escoja escorzos muy concretos donde se disimula, sale a la luz la burrada que es mi intervención... y me desanima.
Ahora, también digo una cosa. Siempre quise hacer un monstruo, pero supongo que una vez veo los resultados me da miedo, no quiero que se me vaya tanto de las manos. Es radicalmente potente, bestia... no sé. Ayer venía en el tren a Córdoba (estoy en mi pueblo) y experimenté una fuerte crisis al respecto, no dejando de dar órbitas alrededor del 3d y pensando "oh, Dios mío". Vale, hay un discurso teórico, hay una serie de cosas que pueden apoyar lo que hago... pero me he convertido en una especie de Koolhaas o Albert Speer. Y probablemente de seguir así voy a pasarlas muy jodidas para llegar también a mayo.

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